La bicicleta como motor del cambio. Puede que suene simbólico, pero en RMI, en el puerto de Róterdam, es precisamente lo que se ha puesto en marcha. Lo que comenzó como una iniciativa interna para animar a los empleados a usar más la bicicleta, se convirtió en poco tiempo en un movimiento colectivo en Botlek. Y es que el Botlek Bike Challenge no solo puso en marcha a los empleados de RMI, sino también a personas que trabajan en empresas de los alrededores. Y ese es precisamente el punto fuerte del proyecto: fomentar un comportamiento sostenible haciéndolo de forma divertida, accesible y, sobre todo, en conjunto.

La bicicleta como puente entre la vitalidad y la sostenibilidad
En RMI, el tema de la movilidad ya llevaba tiempo presente. «Buscaba algo positivo que dar a conocer», explica Kasper Bout, asesor de marketing y comunicación de RMI. «Algo de valor, con lo que demostráramos que nos tomamos en serio la sostenibilidad y que, al mismo tiempo, nos permitiera involucrar a nuestros empleados. Así es como surgió el reto ciclista».
El objetivo era claro: no solo recorrer kilómetros, sino también crear conciencia. La bicicleta como símbolo de vitalidad, conexión y un poco de orgullo. Además, el reto encajaba a la perfección con la política de sostenibilidad de RMI, en la que la vitalidad, las buenas prácticas laborales y la responsabilidad social cobran cada vez más importancia.
Tim Klein, agente de movilidad de Zuid-Holland Bereikbaar (ZHB), considera que se trata de un paso importante: «Es estupendo ver cómo las empresas de Botlek combinan la sostenibilidad y la accesibilidad. La movilidad supone un reto aquí, ya que a muchos lugares es difícil llegar sin coche. Pero si el 59 % de los empleados de RMI vive en un radio de 15 kilómetros, existe un enorme potencial para el uso de la bicicleta».
De una iniciativa interna a un reto común
Lo que comenzó como una iniciativa interna adquirió este año un carácter mucho más amplio. RMI decidió abrir el Botlek Bike Challenge a otras empresas de la zona. «Al principio solo participábamos nuestra propia gente», cuenta Kasper. «Pero ahora participa casi toda la calle. Eso es lo mejor: que ya no es solo cosa nuestra, sino que se está convirtiendo en un movimiento realmente colectivo».
En colaboración con Zuid-Holland Bereikbaar, el reto se amplió y se vinculó a la aplicación Reiswijs, gracias a la cual los participantes podían acumular puntos y ganar premios. «Queremos demostrar que la sostenibilidad no tiene por qué ser algo pesado o con connotaciones políticas», afirma Kasper. «También puede ser simplemente divertido. En cuanto algo cobra vida, la gente se entusiasma de forma natural».
En cuatro semanas se recorrieron en total más de 5000 kilómetros en bicicleta. Un resultado impresionante para una zona en la que el coche sigue siendo a menudo la norma. Más importantes que las cifras fueron las historias. Los empleados compartieron sus experiencias y fotos, y descubrieron que ir en bicicleta no solo es bueno para el medio ambiente, sino también para ellos mismos.
El poder de las historias
Según Kasper, el éxito del reto radicó precisamente en ese enfoque personal. «No solo queríamos contar cuántas personas participaban o cuántos kilómetros recorrían. También pedimos a los empleados que compartieran su historia: por qué participaban, qué se encontraban por el camino. Eso nos proporcionó unas respuestas maravillosas».
Ese lado humano ayuda a hacer tangible la sostenibilidad. «Cambiar de comportamiento es difícil», afirma Kasper. «Mucha gente sigue viendo la sostenibilidad como algo que se impone “desde arriba”. Nosotros, por el contrario, intentamos acercarla a la gente, vinculándola a la vitalidad, la diversión y algo que hacemos juntos».
En RMI, el reto ciclista forma parte de un programa de bienestar más amplio, que incluye un «dado del bienestar» que anima a los empleados a adoptar pequeños hábitos saludables. «Parece algo insignificante», dice Kasper, «pero hace que la gente reflexione de forma positiva sobre su comportamiento. Y ahí es donde empieza todo».

«El año que viene queremos ampliar aún más la iniciativa con nuevas partes».
Juntos somos más fuertes: el ejemplo de las empresas de Botlek
Para Zuid-Holland Bereikbaar, el Botlek Bike Challenge es un ejemplo de cómo la colaboración entre empresas puede dar lugar a un cambio estructural. «La iniciativa de RMI encaja perfectamente en nuestro enfoque», explica Tim. «Apoyamos a las empresas con asesoramiento, herramientas e información para influir en los comportamientos. Pero lo mejor es cuando las propias empresas toman la iniciativa, como ha ocurrido en este caso».
Esa colaboración no solo es importante para los empleados implicados, sino también para la región. «Al trabajar juntos, se gana en envergadura y visibilidad», afirma Tim. «Esto hace que a otras empresas les resulte más fácil sumarse a la iniciativa. Y cuantas más partes participen, mayor será el impacto en la accesibilidad y la calidad de vida en el puerto».
RMI también lo ve así: «En realidad, el desafío es un puente», afirma Kasper. «Una forma de abrir el debate sobre la sostenibilidad y la movilidad. Ahora hemos sentado unas bases que queremos mantener el año que viene. Entonces lo retomaremos, con más socios, más gente y, con suerte, aún más historias».
Mirando hacia el futuro: de la bicicleta a una colaboración más amplia
La colaboración entre RMI y Zuid-Holland Bereikbaar tendrá continuidad en los próximos meses. Mientras que el «desafío ciclista» se centró principalmente en la sensibilización y la vitalidad, el enfoque se centrará ahora en mejorar la sostenibilidad de la movilidad en el puerto, desde los desplazamientos compartidos hasta el transporte colectivo.
«El reto ciclista demuestra que el cambio puede surgir de algo sencillo», concluye Tim. «Si las empresas logran unirse y los empleados comprenden que la sostenibilidad también reporta beneficios, se pone en marcha algo mucho más grande que unos pocos miles de kilómetros».
O, como dice Kasper: «No se trata de ganar, sino de moverse, en sentido literal y figurado».